DIA DE LOS REYES
Por Kathleen Blake Bohné
Para muchos, el 25 de diciembre significa no solo el fin de la temporada de Navidad, sino de la de las festividades. La celebración del año nuevo una semana después termina con todo – luego empiezan los esfuerzos para cumplir con esos propósitos molestos del año nuevo. Aún así, en el mundo cristiano, incluyendo México, los doce días navideños empiezan el 25 y terminan con Día de los Reyes, conocido como La Epifanía, Teofanía o Navidad Pequeña, el 6 de enero. Los papás estarán de compras para sus niños aquí en San Miguel en esta época porque tradicionalmente el Día de los Reyes (o Reyes Magos) es cuando los niños emocionados y expectantes reciben sus regalos.
Este día festivo tiene una historia larga y confusa, pero en general, los cristianos occidentales lo festejan como el día cuando los magos visitaron al bebé Jesús, mientras los cristianos orientales lo festejan cómo el bautizo de Jesucristo en el Jordán. Sin embargo, en las primeras iglesias cristianas (cómo la de Armenia), el 6 de enero es la fecha de la Navidad y también de Epifanía (es decir la revelación de Dios en forma humana). En el año 534 D.c., la iglesia occidental estableció a dos días festivos separados – el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre y la visita de los tres reyes el 6 de enero. En muchas partes de Latinoamérica y partes de Europa, la celebración del nacimiento de Cristo y su bautizo dura por cuarenta días, concluyendo con el Día de la Candelaria el 2 de febrero. En este día, el que encuentra el “niño” dentro de la Rosca de Reyes el día 6 de enero debe de tener una fiesta y servir los tamales y el atole tradicionales. El Día de los Reyes es también la ocasión para anunciar la fecha de Pascua – esta tradición viene de una época cuando los calendarios no estaban disponibles (ni exactos), y el clero tenía que avisar a los creyentes por adelantado la fecha de esta celebración tan importante. La programación de los demás días festivos cristianos del año es determinada por la misma.
Solamente el Evangelio de Mateo en el Nuevo Testamento incluye referencias a los hombres sabios, o reyes magos, los cuales viajaron desde el Este en búsqueda del Rey de los judíos de las profecías, guiados por una estrella extremadamente luminosa. Según Mateo, esto se llevó a cabo después del nacimiento de Jesús, y piensan que el incluyó esta historia del viaje de los magos para visitar al bebé en Belén para destacar la importancia del Nacimiento. Mateo no especifica el número de estos magos pero menciona a tres regalos, de oro, incienso y mirra. La palabra mago viene de la Persa magus, que referiría a una casta específica de curas de Zoroastrianismo; estos curas fueron particularmente hábiles astrónomos y místicos, de ahí viene la palabra magia en relación a lo oculto. El término de hombre sabio fue la traducción usada en la Biblia del rey Jaime para evitar cualquiera connotación herética. Los nombres Melchor, Gaspar y Baltazar se han usado para referir a los tres magos desde el siglo VIII D.c., derivando de algunos antiguos textos cristianos en griego y latino. Los regalos que presentaron pudieron haber sido medicinales o simplemente ofrecimientos tradicionales para un rey; es interesante notar que Mateo describió a los magos cayéndose ante Jesús, que no fue parte de la adoración judía ni romana, pero hasta hoy en día postrarse (en el Este) y arrodillarse (en el Oeste) es parte de las prácticas religiosas cristianas.
En el mundo ibero-americano, los tres magos se conocen cómo representantes de Europa, Arabia y África, con sus respectivas bestias de carga, el caballo, el camello y el elefante. Los niños dejan dulces y leche para los reyes visitantes, juntos con sus zapatos, dónde los magos supuestamente dejarán regalos cómo lo hicieron para el infante Jesús. Hay paralelos obvios con la tradición de Papá Noel y Santa Claus en el norte – unas de las innumerables variaciones sobre los temas cristianos en su dominio vasto y diverso. |